viernes, 12 de julio de 2013

Por montes y collados en danza huera


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Por montes y collados
por valles y agrestes corales
no volvieron a oírse quedos,
sus desolados lamentos en matorrales
en desbocadas tormentas
y dislocados cantos,

ni volvió a correr en llantos
su clamor de vírgenes absentas
y monásticas voces astrales
entre las grietas fractales
de los cristalinos mantos
tras  los amados,
las amadas aguas,
los néctares, los Ícaros:

deseo puro en bálsamos sacros
en volcanes de Apolínea ira;

sólo viento de altas cumbres
danzaba sus vaivenes elementales,
folclor de musgos y líquenes
solitario en sus costumbres,
absoluto dios que gira
al lomo de atónitos roquedales,
ceñudos titanes,
tiernas doncellas,
efigies de sirenas
que vigilaban místicas cuestas.


Solo tu voz de finas sedas
dudaba en las filosas crestas
y pronunciaba mi nombre aciago
fracturado en esquirlas
de fusas funestas,
mi poema de pétalos y espinas
lo cantaban severas mirlas,
alertadas por erizos dormideras;

regado en espermas de oro
de vitales venas fructíferas;

tirado en fimbria cristal
de azarosas ternas
y abstractos macizos de flores en coro,
compaginaba en piel con mapas undívagos
do nacían y nacían de cepas maternas,
abonadas por alientos de dioses en estragos:

en cálidas grutas, entre aguaceros magos,
se vislumbraba el hacer de Parcas avernas;
fabulosos huevos en azules vagos
divagaban con distraer insomnes obreras
y arrojaban por miríadas a los eolos
mis nombres y versos aciagos
mientras éstos se hundían con fruición de niños
en los siglos boscosos de sus cavernas:
eran nombres con historias de pueblos y años
que hervían en las pieles de las piedras.














Escondían con maña en sus tellae mundi,
de la hechicera madre Tellus,
los sortílegos expirados efluvios
que incubaban bajo todas las hiedras,
y en tenebrosos tragos al trazo de Goya
los sorbía ebrio el pater tremebundi
devorando valles y montes en locos condumios,
y en los abismos de sus desorbitados ojos
vaciando a las cuencas de sus aguas joya
y a los vitales, de sus jugos sabios.

Tu voz, tu canto llano, en epitafios,
Tu llanto lento de imperceptibles quemas
Se apagaba por la gran fiesta del tiempo;
Al zumbar del huracán de los despojos
Tu sórdido lamento ya sin temas
Tu  sordo llanto clamaba el macro rito.
Y recorría mi galáctica medula en matojos
La rotunda dulzura del Suyo acento.

José Guillermo Molina
Medellín, El Corazón, Enero-Febrero 2013
San Pedro de los Milagros. Marzo-Abril 2013